nuestro primer obispo Mons. Ulises Aurelio Casiano Vargas

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Entrevista realizada por "El Visitante" a nuestro primer obispo,

Monseñor Ulises Aurelio Casiano Vargas

EV: ¿Cómo surgió su vocación sacerdotal?
Mi interés comenzó desde muy pequeño. Mi casa era un hogar de fe. Mis padres eran muy creyentes, rezaban fervorosamente y siempre íbamos juntos a misa. Asistí a la Academia San Luis, en donde unas monjitas americanas me encaminaron en la fe también. En 1941 hice mi primera comunión y luego, a los 10 años, me hice monaguillo. Me recuerdo de la impresión que causó en mí el ver una sotana y un sacerdote agustino. Desde ese día le cogí cariño a esto, ya lo sabía. Siendo aún pequeño en casa me ponía una sábana y bautizaba muñecas. Cuando mi Papá me veía con las vestiduras de monaguillo le decía a mi mamá: “Mira Juanita, va a ser cura”. Yo era muy pobre, por lo que cuando entré a la Pontificia a estudiar, me becaron con hospedaje por encargarme de unos 50 muchachos marianistas de toda la isla. Durante ese tiempo ellos se convirtieron en mis directores espirituales y me guiaron en esto. Tanto así que intentaron convencerme de que fuese religioso pero, eso no era para mí, yo siempre quise ser sacerdote diocesano. Y así fue.
 
EV: ¿Qué recuerdos conserva de su niñez en Lajas y cómo describe la espiritualidad de sus padres?
Nací un 25 de septiembre de 1933 en el barrio Palmarejo en Lajas. Siempre recuerdo que mi madre, cada vez que entrábamos a la iglesia, se santiguaba. Era una mujer de fe. En mi familia éramos muy devotos a la Virgen de la Monserrate. El sueño de mis padres era algún día tener su propia casa. A través de una promesa a la Virgen de la Monserrate la obtuvimos, éramos pobres pero “Dios nos hizo el milagro”.

De mi niñez recuerdo las celebraciones familiares y en comunidad de las promesas a la Virgen de la Monserrate y a los Reyes. Con buena música y con buen arroz con dulce, mi padre con su guitarra y yo, chiquitito, bailando con todas las vecinas” (recordó feliz).

EV: ¿Cómo describe su experiencia en el seminario?
¡Bellísima! Entré al seminario Regina Cleri en Ponce a mis 27 años. Ingresé con un Bachiller en Educación en Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica en Ponce. Como era de los mayores, se me asignó la tarea de encargarme de la disciplina. Allí también fui el director del coro de los seminaristas, porque a mí me encanta cantar. Estuve seis años, y luego terminé los últimos dos años en Albany, Nueva York, en Our Lady of Angels, un seminario de religiosidad franciscana. Allí hice excelentes amigos; éramos en total 18. (Inmediatamente mostró el retrato de sus compañeros e identificó a los que han fallecido.)

EV:¿Qué recuerdos conserva de su ordenación?
Me ordené el 30 de mayo de 1967 en la bella Catedral de Ponce. Para ese entonces no existía esta diócesis. La ceremonia fue muy hermosa, lo único que lamenté que no pudo ser en mi pueblo de Lajas.

EV: ¿Pensó que llegaría a ser nombrado Obispo?
No. Mi nombramiento fue de chiripa (por casualidad). En 1976, hace 34 años, el Papa Pablo VI, creó la Diócesis de Mayagüez. Yo apenas llevaba nueve años como sacerdote y a pesar de haber tenido varias responsabilidades como Vicario de Pastoral y Canciller, entre otros, no tenía mucha experiencia. Pero el 30 de abril recibí el encargo de organizar esta nueva diócesis. Fui ordenado Obispo por mi compueblano, Cardenal Luis Aponte Martínez y en Mayagüez. Una diócesis formada por 17 parroquias de Ponce y ocho de Arecibo.

EV: Si no hubiese sido sacerdote, ¿a qué se hubiera dedicado?
Sin duda hubiese sido educador. Particularmente en la materia de historia, porque me encanta. Como Obispo, para mí siempre ha sido importante hacerle accesible la ruta de la fe al pueblo. Es un orgullo que la tengamos aquí en Mayagüez… Fue por Aguada que llegó Colón con el catolicismo. Ninguna otra diócesis puede decir lo mismo.

EV: ¿Qué opina del sacerdocio en el siglo XXI ?
En Puerto Rico vivimos una crisis de fe y de escasez de vocaciones. Estos son los mayores desafíos de nuestra Iglesia. Hace falta la oración en los hogares y sobre todo familias que vivan en la fe católica. Lamentablemente el ambiente familiar en Puerto Rico y lo que se transmite en los medios no promueve un sano ambiente en donde pueden surgir nuevas vocaciones. Si no hay familias católicas no hay sacerdotes.

A aquellos que se alejan de la fe en mi oficina siempre los recibo y los escucho. Les exhorto a que busquen de su sacerdote y reciban orientación de aquellos que son sicólogos y que lean la Biblia.

Cada Viernes Santo estoy en la Catedral escuchando confesiones. Para mí es importante dar guía espiritual, particularmente a los jóvenes. A los jóvenes hay que hablarles de esto.

EV: Cómo Obispo fundador, ¿cuál fue el mayor reto que enfrentó y cómo lo superó?
La encomienda de buscar las facilidades para establecer el Obispado. Establecer la Catedral y, poco a poco, visitar parroquia por parroquia para ver qué necesitaban. Esta diócesis compone 14 municipios, del oeste sur de Puerto Rico. Poco a poco logré establecer un obispado con todo lo que requiere.

EV: En el umbral de su retiro, ¿cuál es su mayor satisfacción como pastor de la Diócesis de Mayagüez?
Levantar a un obispado con todas sus dependencias, con un Tribunal Eclesíastico, con oficinas pastorales, casa de retiros y ejercicios espirituales dedicado al Beato Carlos Manuel. Entre otras cosas, desarrollé empatía con los niños y jóvenes, se restauró la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Candelaria como la Catedral, la fundación del nuevo Hospital La Concepción, el cual es el hospital más antiguo de las Américas y posesión de la Iglesia Católica, lo cual es motivo de gran orgullo para mí.

Logramos la instalación de una oficina para proveer servicios sociales católicos aquí mismo en el obispado. Contamos con un Vía Crucis Bíblico aquí, que es hermoso. Tenemos una sala de conferencias para 600 personas, la cual lleva el nombre de Juan Pablo II. También se logró la organización de la Superintendencia de Escuelas Católicas.

EV: ¿Cómo califica el cultivo de las vocaciones sacerdotales en la diócesis?
Muy bueno. Ahora mismo hay siete jóvenes de la diócesis en el seminario. Pero hacen falta más vocaciones; por eso para mí siempre es muy importante la pastoral con los jóvenes, hay que hablarles siempre de esto.

EV: De otro lado, ¿cómo afecta la veneración a la patrona Virgen de la Monserrate las actividades del grupo de seguidores de la Virgen del Pozo?
Roma nunca ha aprobado la devoción a la Virgen del Pozo. Esto es un movimiento paralelo a la Iglesia basado en el testimonio de un supuesto vidente. Esto ya está caído. Ahora vuelven a intentar revivir algo que ya fue censurado. Es un grupo muy pequeño que no ha apartado a la gente de la devoción a la Patrona.

EV: Ya que se prepara para el retiro, ¿cómo se siente, qué planes tiene y qué le diría a su pueblo?
Me siento bien. Mis planes son varios. Ahora cuando me retire me iré a mi casa en Lajas. Seré, con orgullo, Obispo Emérito, en la mayor disposición de seguir laborando en la comunidad. Quiero ayudar en las parroquias como mejor pueda. Estaré sin duda involucrándome con la juventud y con la Academia San Luis. Espero poder servirles de guía espiritual… Y volveré a cantar en el coro.

Pero, sobre todo, a mi pueblo les dejo saber que estoy orgulloso de ser puertorriqueño; cristiano católico; sacerdote obispo; padre y pastor del rebaño del Señor que peregrina en la Diócesis de Mayagüez hacia la Casa del Padre.

Les dejo un mensaje que siempre le digo a los que confirmo: “Que tu vida sea como el buen olor de Cristo y que tu perfume sea el de una vida consagrada a Dios”. Esto quiere decir que en todo lo que hagas en tu vida los demás puedan percibir a Dios.

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